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The New York Times
Christopher Hitchens.
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Christopher Hitchens
De The New York Times
Dos veces tuve el privilegio de sentarme en el piso, mal rasurado, para asistir a las oraciones de los viernes que la teocracia iraní ofrece en el campus de la Universidad del Teherán, en la capital de Irán.
Todos saben que esta ceremonia triste y aburrida a veces eleva su tono, cuando el predicador hace que su platea entone el canto robótico del ¡Marg Bar Amrika! ("Muerte a América"). Y nadie se sorprende al saber que la canción siguiente se llama ¡Marg bar Esrail! Tampoco espanta que el coro unísono, celebrando ese festival del odio, también tenga una tercera versión: ¡Marg Bar Ingilis!
Algunos comentaristas, entre ellos John F. Burns de The New York Times, notaron que el ¿Líder Supremo¿, Ali Khamenei, aniquiló todas las posibilidades de reforma en el culto del pasado viernes, cuando enfatizó solemnemente el último de los cantos. "El más perverso de todos", dijo, "es el gobierno británico". Pero el real significado de esa acusación desajustada no fue comprendido.
Una de las señales del subdesarrollo de Irán es la cultura de los rumores y de la paranoia que atribuye todos los males a la manipulación de varios demonios y diablos. Y, lógico, la larga y fértil historia de la intervención del imperio británico en Persia ayuda a entender la relación. Pero nadie tiene idea de la creencia primitiva que los lleva a creer que los anglosajones -más que la CIA o los judíos- son los principales manipuladores de todo lo que sucede en Irán.
La novela más conocida y más vendida en lengua persa es My Uncle Napoleon (Mi Tío Napoleón), de Iraj Pezeshkzad, que describe la existencia ridícula y odiosa de un miembro de la familia que cree en la teoría de la "Trama Británica" de la historia iraní. La novela fue publicada en 1973 y después se transformó en una teleserie iraní muy popular. Los ayatolás proscribieron tanto la versión impresa como su adaptación para la televisión después de 1979, pero todavía existen en la forma de samizdats. Desde entonces, uno de los líderes religiosos del denominado Consejo Guardián, Ahmad Jannati, anunció en una transmisión en red nacional, que los atentados del 7 de julio de 2005, en Londres, fueron una "invención" del gobierno británico.
Le recomiendo que busque una edición de la novela de Pezeshkzad, editada en 2006, y que la lea de inicio a fin, prestando atención al prefacio de Azar Nafisi (autor de Leer Lolita en Teherán) y al postfacio del propio autor que dice: "En sus fantasías, el personaje principal de la novela ve la influencia del imperialismo británico por detrás de cada evento que sucedió en Irán hasta un pasado reciente. Por primera vez, el pueblo de Irán logró ver el absurdo de esa creencia, aunque tiendan a atribuirla a los demás y no a sí mismos, y se rieron de ella. Y eso puede, finalmente, tener una influencia saludable. Hoy en día, en Persia, todos usan la expresión "Mi Tío Napoleón" para sugerir la creencia de que las tramas británicas estén por detrás de eventos y, normalmente, viene acompañada por un tono de chiste y una carcajada... El único segmento de la sociedad que atacó la novela fue el de los mulás. ...
Dijeron que los imperialistas me habían encargado el libro y que lo había escrito para destruir las raíces de la religión en el pueblo de Irán.
Por más fantásticas que puedan haber parecido esas insinuaciones hace tres años, suenan amenas son comparadas con los disparates y absurdos dichos por Khamenei. Es un hombre que no tiene idea de que su teoría de conspiración favorita es motivo de chistes hace mucho tiempo entre sus propios compatriotas. Y esos disparates y absurdos tienen consecuencias reales, de las cuales tres merecen ser mencionadas:
1. No hay nada que cualquier país occidental pueda hacer para evitar la intervención en las relaciones internacionales de Irán. La creencia profunda de que todo -especialmente todo en inglés- es una intervención por definición, forma parte de la identidad e ideología de la teocracia.
2. Es un error creer que los ayatolás, aunque sean cínicos y corruptos, estén actuando racionalmente. Están presos a creencias arcaicas y a miedos que harían con que un campesino medieval sin ningún conocimiento pareciera equilibrado y sagaz, si comparamos.
3. La tendencia de los medios de comunicación externos de verificar los ánimos de los líderes religiosos, en vez de consultar a los escritores y poetas del país, muestra que nuestro retraso cultural es flagrante. Cualquiera que haya leído a Pezeshkzad y a Nafisi, o haya llevado a sus alumnos a Tabriz, Isfahán y Mashad, podría haber evitado la confusión que volvió sorprendentes los acontecimientos en las calles de Irán en los últimos días para la mayoría de nuestros ¿especialistas¿ sin cultura.
La última observación también se aplica a la administración Obama. ¿Quiere asumir una posición no intervencionista? Bueno, asuma esa posición. Eso significa no referirse a Khamenei con aquel tono prohibitivo de líder supremo y no llamar a Irán por el título tiránico de "república islámica". Pero entienda que nada podrá impedir a los teócratas de acusarlo de estar interfiriendo de cualquier forma.
También entienda que un día usted quedará cara a cara con los jóvenes demócratas iraníes que arriesgaron su vida en la batalla y deberá explicarles qué hacía mientras los golpeaban e intoxicaban con gas lacrimógeno. (Sugerencia: No haga de su única mención a la dictadura de Irán una alusión al golpe organizado por los británicos en 1953; los mulás creen que eso prueba su principal teoría y esa generación tiene otros enemigos inmediatos para confrontar.)
También está el tema más amplio de la teocracia iraní y su intervención continua e intensa en nuestros asuntos: la exportación de violencia, crueldad y mentira para el Líbano, Palestina e Irak y su audacia impúdica en desafiar a las Naciones Unidas, a la Unión Europea y a la Agencia Internacional de Energía Atómica, en el tema de las armas nucleares.
Como a todos, me impresionó mucho la decisión del presidente de citar a Martin Luther King Jr. -al final de la semana- sobre el arco de la justicia y el modo cómo se curva. El problema es que en tiempos de crisis y urgencia, citó el texto equivocado de King (lo más correcto sería un trecho de "Carta de una Prisión en Birmingham"), y fue como si el discurso pudiera tranquilamente haber venido del presidente de Islandia o de Uruguay, y no del presidente de los Estados Unidos. Al fin y al cabo, es imposible la coexistencia de una teocracia fascista y nuclear en Irán. Los mulás saben eso perfectamente. Entonces, ¿por qué no logramos comprenderlo?
Terra Magazine