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The New York Times
Christopher Hitchens.
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Christopher Hitchens
De The New Yor Times
Para que tengan una idea del clima político en Teherán, en Irán, cito un compañero iraní que me pone al tanto sobre la situación: "Fui a último gran mitin del presidente Mahmoud Ahmadinejad y tuve una muestra de cómo imagino debe ser el fascismo. Un grupo de jóvenes que nunca fue popular en el colegio y ahora recibe un arma y escucha que es especial."
La citación, bastante precisa, es tanto una evocación de la sexualidad reprimida que está enterrada en la "república islámica" como una descripción de las fuerzas de reserva que ese estado paralelo iraní, el estado dentro del estado, puede poner en ejercicio ante la menor de las adversidades.
Hay una razón teórica por la cual los eventos del mes pasado en Irán (disculpe, pero no logro llamarle a eso elección) no pasaron de una farsa cruel para insultar a los que participaron y observaron el evento. Y también hay una razón práctica. La razón teórica, aunque no tan dramática y atrayente, es la más interesante y relevante.
La teocracia chiita considera Irán y a sus ciudadanos propiedad de los mulás. Esa idea totalitaria tenía como base, originalmente, un precepto religioso promulgado por el fallecido Ayatolá Ruhollah Khomeini y conocido como velayat-e faquí. Bajo los términos de ese precepto -que originalmente colocaba al clero en el mando de las vidas y propiedades de los huérfanos, de los pobres y de los locos- toda la población estaría declaradamente bajo la custodia del estado y de sus líderes.
Por lo tanto, cualquier ejercicio electoral, por definición, termina antes mismo de empezar porque el poderoso Consejo de la Guardia Islámica decide mucho antes quién puede o no puede "disputar". Cualquier periódico que se refiera al hecho como "elección" -y complemente con expresiones como "mitines", "encuestas" o "conteo"- es motivo de muchas risas de los ayatolás. ("¿Creyeron en eso? ¡Fue tan fácil!")
Les debería dar vergüenza a todos los medios de comunicación que fueron cómplices de esa mentira la semana pasada. Y también nuestra patética Secretaria de Estado que dijo esperar que "las voluntades y los deseos genuinos de todo el pueblo de Irán se reflejaran en el resultado. Lógico que ella sabe que todo ese contingente fue deliberadamente censurado".
En teoría, la primera elección de los ayatolás puede que no "gane", y el Consejo de la Guardia Islámica, incluso, puede quedar dividido sobre quién sería el mejor candidato. Por más secundario que pueda parecer, todavía puede llevar al rencor. Al fin y al cabo, los sistemas corruptos también pueden ser víctimas de fraude. Como la hipocresía, esa es la venganza de la virtud.
Con increíble brutalidad y crueldad, entonces, los guardianes mandaron cortar las redes de telefonía móvil y el envío de mensajes que pudieran dar una ligera impresión siquiera de democracia y anunciaron a través de sus "guardias revolucionarias" que sólo una forma de votar tenía la sanción divina. ("La mano milagrosa de Dios", anunció el Líder Supremo Ali Khamenei, que estuvo presente en los lugares de votación e, incluso, anunció el resultado antes que las personas hubiesen terminado de votar. Él dice ese tipo de cosas todo el tiempo.)
Además de las pruebas obvias de adulteración, fraude y fuerza bruta, hay otra razón para dudar de que un fundamentalista analfabeto como Mahmoud Ahmadinejad hubiese prevalecido, incluso, en un plebiscito patrocinado por el estado. En todos los lugares del mundo musulmán en los que hubo elecciones, en los dos últimos años, la tendencia siempre fue contraria. En Marruecos, en 2007, el impositivo Partido de la Justicia y del Desarrollo acabó con el 14% de los votos. En Malasia y en Indonesia, las previsiones de aumento de la popularidad de los partidos pro Shariah también eran falsas.
En Irak, en enero de 2009, las elecciones locales penalizaron a los partidos del clero que fomentaban la miseria en ciudades como Basra. En el vecino Kuwait, el mes pasado, las fuerzas islamitas tuvieron un pésimo desempeño y cuatro mujeres -incluyendo la figura impresionante de Rola Dashti, que se niega a usar velos en la cabeza- fueron elegidas para el parlamento.
Lo más importante de todo, tal vez sea que el Hezbollah, patrocinado por Irán, fue derrotado inesperadamente y de forma convincente la semana pasada en el Líbano después de una elección abierta y vigorosa, cuyos resultados no fueron contestados por ningún partido. Y, hasta donde sé, si los palestinos votan de nuevo este año -lo que deberá suceder en algún momento- será muy improbable que el Hamás salga victorioso.
Aún así, el círculo cerrado de fanáticos religiosos seniles que no logró controlar los votos en un país como el Líbano, que tiene partidos opuestos de brazos dados, es capaz de hacerse un regalo, aumentando su "mayoría", en un estado quebrado y agonizante, que controla los medios de comunicación y monopoliza la violencia. Creo que debemos negar cualquier reconocimiento oficial a este consuelo. (Les recomiendo que lean Neither Free Nor Fair: Elections in the Islamic Republic of Iran" (Ni Libres ni Justas: las Elecciones en la República Islámica de Irán) y otras producciones de Abdorrahman Boroumand Foundation. Ellos muestran que contrariar el Consejo de la Guardia Islámica puede llevar a más que la desclasificación para las elecciones y puede extenderse a prisiones, tortura y muerte, a veces en ese orden. La nueva película de Cyrus Nowrasteh, The Stoning of Soraya M., mostrará luego lo que sucede con los que optan por discordar y acaban en las manos de los fanáticos "tradicionales" de Ahmadinejad.)
La mención a las elecciones libanesas me obliga a contar mis impresiones sobre la convención reciente del Hezbollah que presencié en el sur de Beirut, en el Líbano. ¡En una gran sala, que recibía a una delegación de la Embajada Iraní, el póster más impactante del partido pro iraní era de un hongo nuclear! Abajo de la foto, un subtítulo les informaba a los "sionistas" lo que los espera.
A veces, nos olvidamos que Irán todavía niega oficialmente cualquier intención en adquirir armas nucleares. Aún así, Ahmadinejad habló sobre el lanzamiento de un misil iraní como respuesta al éxito de Irán con las centrífugas nucleares y recientemente le permitieron al Hezbollah pensar que los reactores iraníes pueden tener objetivos no pacíficos. Eso significa que, entre otras cosas, la manipulación malvada con la cual los mulás controlan Irán ya no se puede denominar "política interna". Fascismo en casa significa, tarde o temprano, fascismo en el extranjero. Enfréntelo ahora o luche después. Mientras tanto, nómbrelo correctamente.
Terra Magazine