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Cuando el extremo se vuelve norma

The New York Times
Christopher Hitchens.

Christopher Hitchens
De The New York Times

Hay una conexión fascinante entre lo que el presidente Barack Obama dijo sobre los velos árabes que las mujeres usaban en la cabeza el 4 de junio en El Cairo y la discusión sobre los detenidos liberados de Guantánamo, que volvieron a ser encontrados varias veces en las listas de los Talibán y de Al-Qaeda. No intente adivinar, sólo siga leyendo.

Desde que el ex vicepresidente Dick Cheney aprovechó al máximo el titular de The New York Times del 21 de mayo, usando las estadísticas del Departamento de Defensa para sugerir que uno en cada siete de los prisioneros liberados de Guantánamo "vuelve al terrorismo o a la militancia", hay una discordancia sobre la veracidad de estos datos y la razón de ese posible regreso al crimen. ¿No es una posibilidad plausible que una persona, por ejemplo, inocente, presa en Guantánamo puede cambiar al salir y decidir juntarse a movimientos como el Jihad por primera vez?

Esa última explicación seguramente no se aplica a los varios criminales reincidentes que fueron positivamente identificados; sabemos bien el pasado y el presente de algunos de aquellos sujetos. En mi propia visita a Guantánamo, recibí una lista -que tenía oficialmente 11 nombres- de ex militantes talibanes como Abdullah Mehsud, detenido en febrero de 2002 y suelto en marzo de 2004, que más tarde se suicidó para no entregarse a las fuerzas de seguridad de Pakistán. Si es una ofensa a la justicia detener a personas que puedan haber sido víctimas de errores de identificación o de planes de otras facciones, también es una ofensa a la justicia soltar asesinos psicópatas que creen que tienen permiso divino para echar ácido en el rostro de niñas a camino de la escuela.

Aún, si vislumbráramos la posibilidad de que un hombre sólo se transformaría en ese monstruo después de pasar por la experiencia de Guantánamo, entonces puedo sugerir por lo menos una razón que contribuya para eso. Nada podría haberme preparado para ver a las autoridades, en el campo, permitiéndoles a los más extremistas fanáticos religiosos del lugar que organizaran la rutina de los compañeros de cárcel.

Supongo que si usted fuera una persona ecuménica o libre de fanatismos y lo llevaran preso a ese lugar por equivocación, usted acabaría sintiéndose obligado a rezar cinco veces al día (los guardias no tienen permiso para interrumpir), a tener el Corán en la celda y a comer sólo alimentos preparados de acuerdo con el halal (o Sharia). Creo que usted podría abstenerse, pero, en ese caso, su popularidad sería bastante afectada. Los oficiales a cargo estaban tan contentos al mostrar su mente abierta con relación al Islán, que parecían realmente molestos cuando les pregunté qué pensaban sobre el uso del dinero del contribuyente para crear una institución dedicada a la práctica fervorosa de una de las religiones más extremistas del mundo. Añada esto a la lista interminable de motivos para cerrar Guantánamo: Es una madraza patrocinada por el estado.

La misma insistencia casi masoquista de asumir el extremo como norma estaba también presente en el discurso suave del presidente Obama en la capital de Egipto. Algunas cosas que dijo eran bien intencionadas, aunque tenían pocas informaciones. Los Estados Unidos no debería haber derrocado el gobierno electo de Irán en 1953, pero al hacerlo, usó mullahs y ayatolás corruptos para imponer el sentimiento anticomunista contra el régimen secular. La administración de John Adams, en el Tratado de Trípoli en 1976, proclamó que los Estados Unidos no tenían ningún desentendimiento con el Islán (además de también decir que los EE.UU. no eran un país cristiano), pero el tratado no logró evitar que los estados bárbaros invocasen el Corán como permiso para secuestrar y aprehender a viajeros que estaban mar adentro, lo que hizo que Thomas Jefferson se viera obligado a mandar una flota suya y la Marina para acabar con eso. Se espera que Obama no prefiera a Adams que a Jefferson en ese tema.

Cualquiera con el mínimo conocimiento literario sabe que no existe un lugar llamado "el mundo musulmán", o, quién sabe, este consista en muchos lugares y en muchas cosas. (Es justamente el objetivo de los jihadistas colocar a los musulmanes bajo un único líder, haciendo del Islán la única religión del mundo.) Pero Obama no dijo nada sobre la discusión del sufismo o sobre las formas y las prácticas de devoción Ahmadi o Ismaili. Todo fue concedido por la umma: la noción altamente ideológica de que una persona, en primer lugar, se define por su adherencia a la religión y que todos los conceptos de ciudadanía y derechos civiles están en segundo lugar en esa dictadura teocrática. Nada podría ser más reaccionario.

Vea el ejemplo de cuando nuestro presidente habló sobre el hecho más conocido del "mundo" islámico: su tendencia de considerar a las mujeres ciudadanos de segunda categoría. ¡Menciona eso sólo para decir que los "países de occidente" estaban discriminando a las mujeres musulmanas! ¿Y cómo se impone esa discriminación? Limitando el uso del velo árabe, o hiyab (palabra que Obama pronunció hajib; imagínese la repercusión si George W. Bush hubiese cometido el mismo error). La observación fue un ataque a la ley francesa que prohíbe la ostentación de ropas religiosas o símbolos en escuelas estatales.

Sin duda, al día siguiente en París, Obama dejó su punto de vista aún más explícito. Voy a citar un excelente comentario de una profesora visitante de la Universidad de Derecho en Michigan, la argelino americana Karima Bennoune, que dice: "Acabo de publicar una investigación que conduje entre varias personas de origen musulmán, árabe y norteafricano en Francia que apoyan la ley de 2004, prohibiendo los símbolos religiosos en las escuelas públicas, que entienden ser una aplicación necesaria de la "ley de la república" para ir en contra de la "ley de los hermanos", una regla informal e impuesta, de forma antidemocrática, por los fundamentalistas a muchas mujeres y niñas en el vecindario o en casa."

Pero para las mujeres que se ven obligadas a vestirse de acuerdo con las ganas de los demás, Obama no tenía nada que decir, como si el único "derecho" en cuestión fuera el derecho de obedecer una instrucción que, en verdad, no está en el Corán, si es que eso tiene sentido. En Turquía también están prohibidos los velos árabes en algunas ocasiones. ¿Sería eso islamofobia? ¿Creerá también el presidente que el velo y la burga son accesorio de moda que se elige libremente? Ese tipo de ingenuidad es preocupante y significa que, entre la audiencia musulmana, el tipo equivocado de gente se estaba riendo de nosotros, mientras que aquellos que deberían ser nuestros amigos y aliados dejaban correr una lágrima de decepción.

Christopher Hitchens es columnista de la revista Vanity Fair y de Slate Magazine (www.slate.com), donde la columna FIGHTING WORDS aparece originalmente. Hitchens ha enviado reportajes desde más de 60 países y ha escrito más de una docena de libros. Los trabajos de Hithcnes han sido también publicados de manera regular en The Atlantic, The New York Times Book Review, Harper's, Newsweek International y The New York Review of Books. Es autor de "Thomas Jefferson: Author of America", publicado por Atlas Books. Su último libro es "God Is Not Great: How Religion Poisons Everything" (Twelve). Artículo distribuido por The New york Times Syndicate.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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