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Lucy Silva/Especial para Terra
Silva detectó que en el Foro Social Mundial de Belén, los participantes eran más diversificados que en el pasado.
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Marina Silva
Brasilia, Brasil
Finalizado el Foro Social Mundial de Belém, el próximo deberá ser descentralizado y solamente en el 2011 tendremos otro encuentro del tamaño de este, del cual participaron 130.000 personas, convencidas de que otro mundo es posible. Y de que el mismo surgirá del rechazo de los modelos establecidos y de la capacidad de estructurar respuestas, espacios y procesos innovadores y movidos por valores de justicia, equidad y equilibrio social y ambiental.
Es difícil hacer un balance, o mejor, tal vez no corresponda un balance para algo cuya marca es la diversidad de ideas, conocimientos, culturas, edades, condición económica, nacionalidades e idiomas. Tal vez sea más adecuado solamente transmitir algunas impresiones de lo que viví y observé en estos días en Belém, dentro de la amplia agenda de eventos simultáneos del Foro. Participé de varios debates y lo que más me llamó la atención fue el gran interés de la juventud por temas relacionados al medio ambiente. En el último, sobre crisis ambiental planetaria y cambios climáticos, junto al profesor Leonardo Boff y el indio Vinod Reida, el auditorio lleno en su mayoría de jovenes oyó en postura silenciosa y concentrada y, por la reacción al final, demostró su movilización y compromiso con el tema.
Al mismo tiempo, cuando los participantes eran más diversificados, observé que no había diferencia ni de edad, ni de situación económica, ni tampoco de origen o cultura, en la preocupación de entender la crisis ambiental planetaria y, principalmente, en hacer alguna cosa. Y, aunque ese hacer gane innumerables traducciones, dependiendo de la visión social y de las posibilidades de cada persona, sentí la fuerza de la disposición concreta para el actuar ahora.
No se trata de un discurso sobre lo inalcanzable, de una dimensión además del alcance de ciudadanos comunes. Hay un entendimiento de que en cada uno es posible, sí, dar una contribución. Como si uno dijera: yo ya hago algo, pero ¿cómo puedo hacer más? Y el otro respondiera: todavía no estoy haciendo nada, ¿cómo puedo empezar a hacer?
Pero también existe la conciencia clara de que es insustituible el papel de los gobiernos, instituciones multilaterales, grandes empresas y otros actores cuyo tamaño los hace responsables por desencadenar acciones con el impacto necesario para catalizar las iniciativas de la sociedad y establecer nuevos estándares y paradigmas. Es una pena que la mayoría de los políticos y de las estructuras de poder no estén atentas para esa energía. Se enredan en viejas salidas para la crisis económica, no reconocen la dimensión de la crisis ambiental, no ven cómo las dos son inseparables y se pierden en discursos igualmente viejos.
Salí del Foro segura de haber tenido la oportunidad de constatar, por un buen muestro -el de las personas participativas o dispuestas a una participación mayor y, por lo tanto, listas para multiplicar sus inquietudes y conocimientos- que la inserción del tema ambiental está cambiando en todos los segmentos sociales. Deja de ser un campo restringido para unirse al cotidiano y ganar un lugar esencial en los acontecimientos de la vida colectiva e individual. El medio ambiente, ya tiene la visibilidad de una nueva fuerza movilizadora. El más grande ejemplo fue la manera integrada en cómo la crisis económica y la crisis ambiental se fundían en las manifestaciones en los diferentes eventos.
Tuve, incluso, la sensación de que la propia situación mundial de aumento de incertidumbres hace que las personas reposicionen sus referencias. El pragmatismo da lugar a los valores y a los sueños, los únicos suficientemente sólidos para anclar la esperanza. Puede parecer una paradoja, porque los sueños podrían verse justamente como algo inalcanzable, etéreo, sin sustancia para sujetarnos, pero creo que ocurre lo contrario. Es en esos momentos que nos damos cuenta cuánto las bases materiales de la sociedad son inseguras, volátiles, generadoras de cultos a ilusiones desprovistas de la profundidad de la que necesitamos para dirigir la vida y darle sentido.
Estamos en una coyuntura propicia a esa búsqueda en la cual nos preguntamos y encontramos disposición para cambiar. Y es en esa coyuntura que la defensa del medio ambiente deja de ser una militancia marginal y específica para insertarse en el centro de la construcción de alternativas de organización social y económica que representen un avance real ante el fracaso del modelo consumista, utilitarista y excluyente que nos llevó a las dificultades actuales.
Así, es importante no dejarse llevar por noticias que acaban dando una visión folclorizada del Foro, como si fuera un reducto de locos, radicales y retóricos. Es que, al contrario de Davos, donde el recorte del poder es la condición para sentarse a la mesa, el Foro es amplio, abierto y sólo exige la disposición para cambiar el mundo. ¿Utopía? Felizmente, sí.
Terra Magazine