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En la frontera del otro mundo posible

AP
Belén, sede del encuentro, se ubica en la Amazonía: "símbolo de la fuerza destructiva del modelo de desarrollo vigente y también de las esperanzas de un futuro sostenible", según Silva.

Marina Silva
Belén, Brasil

La novena edición del Foro Social Mundial se está llevando a cabo en Belém desde el día 24, con las actividades denominadas pre foro. La apertura oficial será hoy. Y cuando digo sucediendo ni de lejos logro transmitir lo que es esa movilización de la sociedad global para discutir la construcción de otro mundo, regido por valores de ética y solidaridad, con justicia social y crecimiento material, dentro de criterios de respeto al medio ambiente.

El Foro fue creado en 2001 bajo el lema "otro mundo es posible", contraponiéndose al Foro Económico de Davos en la condenación a la doctrina del neoliberalismo y a la centralidad del Mercado. Ya en aquella época alertaba para el descontrol de una situación que hoy, transformada en grave crisis, golpea la puerta de todos los países.

Justamente en medio de esa crisis - en Amazonia, símbolo de la fuerza destructiva del modelo de desarrollo vigente y también de las esperanzas de un futuro sostenible - el Foro enfrenta encrucijadas cruciales para su continuidad. ¿Será este el momento de unir fuerzas y asumir una plataforma de movilización global en torno a las grandes cuestiones contemporáneas?

Muchos se preguntan aquí en Belém si no ha llegado el momento de que el Foro dé un salto político y se vuelva el catalizador de una reacción en la sociedad; tanto en la concentración de poder y de medios como en la puesta en marcha de crisis económicas y ambientales que den el tono y el tamaño al desafío de nuestros tiempos.

En uno de los encuentros pre foro se discutió la necesidad urgente de una plataforma global para el área de Salud. Ante la agitación estructural impuesta por los cambios climáticos en la planificación de cada sector, ya no es posible que cada país administre sus problemas de forma aislada, sin un intenso intercambio de informaciones y soluciones conjuntas. La urgencia en la cobertura de saneamiento básico dejó de ser un problema local o nacional para ser global, ante el riesgo de que los eventos extremos, especialmente las grandes inundaciones, puedan contaminar reservas acuíferas en gran escala e impedir el uso del recurso natural más dramáticamente en vías de escasez, que es el agua.

El tema del Foro Mundial de Educación, que reunió a casi 5.000 personas, también remite a una era de transición. Se discutió el rol de la educación en la construcción de la ciudadanía planetaria, en el sentido de desarmar el puerto seguro del pragmatismo que todavía ve en la educación solamente la catapulta que lanza el joven hacia el mercado de trabajo en condiciones competitivas. ¿Qué es, al final, educar para el siglo XXI? Es, por lo menos, tener una visión del mundo no fragmentada y ser capaz de repensar los cánones utilitaristas.

Los jóvenes de hoy deben estar preparados para una inflexión civilizatoria, para usar las herramientas que la educación les da, en un campo de acción mucho más amplio. Y en el caso de que no sean agentes de esa inflexión estarán inapelablemente perdidos en la falta de sentido de una fórmula en plena superación.

La motivación para discutir esos temas es muy grande. Incluso, la movilización para las cuestiones ambientales llega a ser impresionante. La energía que circula en cada Foro es muy animadora. Es imposible dejar de imaginar que ella sería capaz de multiplicar, en todos los países, el conocimiento, la innovación, la capacidad crítica que circula durante una semana en ese territorio de la diversidad, del encuentro de culturas, saberes, sueños e ideales. Y cómo todo eso podría colaborar para una nueva calidad de las instituciones y del proceso de desarrollo.

No sé si hay investigaciones sobre el impacto del Foro en sus ocho años de existencia. Pero, a simple vista, interactuando con las personas que están aquí, uno se entera de historias que demuestran su fuerza para abrir puertas y generar cambios de las más diferentes maneras. Ayer tuve un ejemplo de eso.

Hay muchas personas de India en Belém. Conocí a varias de ellas en el debate ecuménico sobre la fe religiosa y las luchas sociales, organizado por los jesuitas. Un joven me llamó para una entrevista, porque él quería saber, básicamente, cómo sucedía aquí la lucha por la demarcación de tierras indígenas y de las comunidades tradicionales. En la charla, él me contó que la mayoría de los hindús presentes en el debate eran "intocables" o sin casta, marginalizados por la sociedad hindú. Aunque hoy las leyes de India prohíban la discriminación por castas, en la práctica ellas siguen valiendo.

Fue sorprendente saber que la realización de la cuarta edición del Foro de 2004 en Mumbai, en India, dio un tremendo impulso a la organización de los sin casta en movimientos por inclusión social, garantía de derechos y acceso a la tierra. El Foro fue la primera oportunidad en que pudieron manifestarse en público libremente y en pie de igualdad, fuera de sus propios círculos. Lo interesante es que su noción de pertenencia social sucedió más allá de su propio país, en el espacio de ciudadanos del mundo. Y eso es algo excepcional en términos de quiebra de barreras milenarias y de cambios culturales que darán solidez a un futuro posible, desde que luchemos por él.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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