Terra
Terra
 
 

Terra Magazine

› Terra Magazine › Columnistas › Vera Gonçalves de Araújo

Victoria de selección rumana puede vengar inmigrantes perseguidos

Vera Gonçalves de Araújo
Roma, Italia

Si hubiera algún motivo para festejar, hoy a la tarde -a las 18 horas italiana- después del juego de Zurich, seguramente va a ser una fiesta muy clandestina. El principal grupo de emigrantes de Italia aprendió, a duras penas, que es mejor mimetizarse, desaparecer delante de los ojos de los indígenas. Hablando con un pequeño grupo de albañiles rumanos que está trabajando en una obra aquí cerca de mi casa, les pregunto si creen que va a ser un juego normal. Ellos sonríen, tímidos. El más desenvuelto comenta: "si perdemos, van a caer sobre nosotros, si ganamos, también". Los otros se callan y me aconsejan que vaya a hablar con el padre Bogdan, líder de la comunidad que vive en la pequeña ciudad de Monterotondo, en los alrededores de Roma (casi todos los albañiles viven allá).

No tengo tiempo para ir a Monterotondo -de aquí de mi barrio, en tren, me llevaría dos horas para ir hasta allá, siguiendo el mismo recorrido que, a las 4 de la mañana y a las 5 de la tarde, todos ellos hacen para venir a trabajar. Pero consigo hablar por celular con el padre.

Le pregunto dónde está su iglesia (ortodoxa), y él ríe en el teléfono: está no, estaba. Cerraron la iglesia, el alcalde prometió construir otra en el terreno de una vieja fábrica de muebles, un derecho mínimo para los 6 mil rumanos que viven en Monterotondo. Un pequeño episodio más de racismo e intolerancia en lo cotidiano de quien vino a trabajar aquí por necesidad. Al padre Bogdan evidentemente no le gustan los periodistas, y prefiere no comentar el cierre de su iglesia. Tiene toda la razón: los periódicos italianos se parecen más a un boletín de guerra entre los dos países: sólo que los crímenes cometidos por rumanos contra italianos van a los grandes titulares, mientras que los rumanos víctimas de italianos merecen dos líneas escondidas en las páginas de las noticias locales.

En el "paquete seguridad" propuesto por Berlusconi para contener una "onda" de crimen que sólo se registra en la imaginación de los italianos -las estadísticas demuestran que el crimen disminuyó en los últimos diez años en Italia-, varias normas fueron hechas a medida contra la inmigración rumana. Más difícil de reprimir que las otras, porque finalmente Rumania forma parte de la Unión Europea, y sus ciudadanos -en teoría - tienen los mismos derechos que los franceses, ingleses, alemanes y españoles que vienen a vivir a Italia. Pero en estos últimos meses, para los rumanos vale la regla sintetizada por George Orwell en Rebelión en la granja: todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que los otros.

La comunidad va a ver el juego encerrada en su casa, sin banderas y -posiblemente- con gritos silenciosos. Adrian Mutu -que juega en la Fiorentina- y Cristian Chivu -del Internazionale de Milán- son los dos ídolos encargados de vengar las humillaciones y tristezas de los rumanos de Italia, símbolos de la inmigración de lujo del fútbol. Y como todo en este país se vuelca a la política, muchos italianos declaran que van a alentar a Rumania, sólo por antipatía con Berlusconi. Para no hablar de los que alimentan la fama de jettatore del jefe del gobierno derechista. En realidad, la Copa del Mundo sólo llegó a las manos de los italianos durante el gobierno de la izquierda, liderado por Romano Prodi.

Vera Gonçalves de Araújo es periodista, nació en Rio, vive en Roma y trabaja para periódicos brasileños e italianos.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

Terra Magazine

Terra Magazine América Latina, Vea las ediciones en español