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Asia, balneario de moda en Perú: el refugio burgués

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El Sur Plaza Boulevard, en el exclusivo balneario Asia, a menos de 100 kilómetros de Lima.

Jaime Bedoya
Lima, Perú

En 1956, durante una plácida y entonces inadvertidamente cancerígena barbacoa familiar por el 4 de Julio, el norteamericano Milton Levine se percató de algo mientras miraba una formación de insectos desplazándose a través de una grieta en la pared: lo fascinante que podía ser la observación del comportamiento gregario de algunos seres vivos.

Milton Levine, ex combatiente de la II Guerra Mundial devenido en inventor, pudo haber creado entonces - con 40 años de anticipación -un balneario peruano susceptible de ser visto como una gigante y exhibicionista colonia de hormigas: el balneario de Asia. En vez de eso inventó el Ant Farm.

Tal era el nombre de un juguete donde la vida privada de hormigas atrapadas entre dos láminas de vidrio eran objeto de didáctico voyeurismo humano. Expuestas quedaban sus curiosas costumbres por asegurarse el dominio y supremacía del clan durante la grata eventualidad de compartir un espacio recreativo, la granja. Levine en realidad sí inventó Asia. Solo que no se dio cuenta.

El distrito de Asia, Provincia del Cañete, departamento de Lima, a la altura donde el asfalto de la Panamericana Sur marca el kilómetro 100, le debe su nombre a que a principios del 1900 se establecieran en sus tierras cooliés chinos. Estos habían llegado desde el otro lado del mundo para hacer el trabajo sucio de la Compañía Nacional del Guano: recoger caca de pájaro. El siglo avanzó, el guano volvió a ser lo que siempre había sido, y Asia quedó como surreal toponímico de un pueblo pequeño frente a una agreste y nada hospitalaria franja de playa cagada. A ella solo llegaban campamentistas u ornitólogos en busca de la rara belleza de las aves guaneras.

En algún momento de los ochenta llegaron veraneantes limeños que incursionaron en un excitante deporte inmobiliario, el denuncio de tierras. El país se desesperezaba democráticamente luego de más de una decena de años de gobierno militar, y la gente -harta de vivir atrincherada en una ciudad violenta y desordenada- buscaba espacios abiertos. Se empezaron a levantar las primeras y rudimentarias casitas de playa, especies de campamentos permanentes. A mediados de los noventa ya habían tres urbanizaciones privadas bajo los nombres de Cayma, Cocos y Las Palmas. Por entonces el único bien de consumo en Asia, además del tiempo libre, eran el cebiche y bebidas heladas que ofrecía un avispado lugareño. Esto explica que el primer restaurante de Asia llevara el poco fashion nombre de "El Señor Huamán".

Un empresario hispano-argentino con incidencia en lo ultimo, vio oro donde otros veían solo arena. Denuncios van, denuncios vienen, Ramón Mollá fundó a fines de los noventa, en obligada sintaxis anglosajona, el Sur Plaza Boulevard. Al comienzo alquiló solo dos locales. Apenas dos veranos después Asia era el balneario de moda a 97.5 kilómetros de Lima.

Violentamente se empezó a convertir en sinónimo de exclusividad, exclusión, y en referencial vitrina social de verano de una burguesía intimidada e inhibida durante años por el terrorismo. Las urbanizaciones brotaban como hongos, compitiendo en estricta reglamentación interna que normaba la sana competencia entre signos exteriores de riqueza. Paralelamente aseguraba la meridana claridad de las jerarquías entre los veraneantes y su servicio doméstico. En Asia reinaba el orden que Lima había perdido. Eso sucedía hace ocho años.

En este verano que termina se calcula que no menos de tres millones de personas visitaron Asia durante los fines de semana. Su influencia social y económica abarca desde Mala (km 90.5) hasta Cerro Azul (km 132). Y todo bajo la mayor exposición pública posible. Una Ant Farm con vista al mar.

Tres podrían ser los rasgos distintivos , casi clínicos, que han hecho de un balneario de playa un tema de ensayo y debate sociológico en el Perú: los reglamentos internos de sus urbanizaciones, la espectaculariad de sus casas y su neurótica vida social.

Los reglamentos llamaron inmediatamente la atención cuando se consignó, siempre de manera oral, la existencia de normas donde a las empleadas domésticas de Asia no se les permitía discurrir dentro de la playa en grupos mayores a tres ni bañarse en el mar hasta pasadas las 6 de la tarde. Esas reglas pre apartheid sudafricano hacían intrascendentes otras como las que dictaban entre que horas podían ladrar los perros o cuantos minutos podia estacionarse un auto frente a la casa. Sumábase el hecho que las urbanizaciones de playa, con sus muros vigilados por agentes particulares, impedían el acceso público al mar, hecho prohibido por ley.

La tensión encontró su clímax cuando en el verano del 2007 colectivos contra el racismo idearan el operativo Empleada Audaz. Este convocaba a personas de distintas condiciones sociales y raciales a presentarse en Asia vistiendo el típico mandil blanco de las empledas domesticas para, en un gesto tipo Espartaco, reclamar el derecho a la libre circulación de las personas. Una pequeña multitud llegó a la playa ante las miradas entre divertidas e indignadas de los residentes, a salvo desde sus terrazas de mayor proximidad con los levantiscos.

Arquitectónicamente hablando, los primeros reglamentos de playa establecián tamaños, forma, material y color blanco de las casas, homogenizando el standard y afianzando el sentido de pertenencia a una misma elite adicta al orden. El manejo de la geometría del espacio delimitaba al mismo tiempo el aislamiento. El éxito de una propuesta que a muchos podría parecer claustrofóbica se le atribuyó en su momento a la inseguridad que reinaba en Lima, presa del terrorismo. Tener la alternativa de una segunda residencia en una comunidad donde las palabras control, disciplina, y previsibilidad tocaron un nervio de la burgesía limeña.

Pero establecido el orden, la arquitectura de las casas de Asia se soltó el moño, convirtiéndose en laboratorio creativo y definitorio de invididualidades. La Cámara Peruana de la Construcción reportaba en el 2007 más de 50 condominios y casi dos mil quinientas casas de playa construídas en Asia. Comprar una puede suponer US$ 100.000, alquilarla durante el verano US$ 15.000. Hay casas, como una de en Playa Misterio, avaladas en US$ 400.000. Se trata de una atrevida y majestuosa construcción al borde del mar que se proyecta hacia el océano apuntalada sobre muros de piedra verde traída desde Puno, en el antiplano, antítesis social y cultural del Perú que veranea en Asia.

La vida social de Asia la vida social de Lima, corregida y aumentada. Los más de cien locales que pueblan ahora las inmediaciones del original Sur Plaza Bouleveard ofrecen altertanivas de ocio y consumo que van desde un sushi hasta multicines, autoservicios, academias de nivelación de matemáticas, y tiendas por departamento. Un Centro Cultural propio ha convocado al mismo Mario Vargas Llosa, que ya el verano pasado presentó ahí su espectáculo teatral, valga la connotación, La verdad de las mentiras. Un caso de ascenso social asiático podría ser el de la espectacular Tilsa Lozano que de presentarse en sociedad en el 2000 como meritoria bartender de la discoteca Pachá de Asia, fue elegida en el 2007 la Chica Playboy Perú. El residente de Asia sabe que ir de compras descalzo es cool, su mini rebelión podal contra el sistema, pero debe tener los músculos faciales hipertrofiados a punta de a sonreir para los fotógrafos sociales cada fin de semana.

Pero el éxito extremo trae consigo el riesgo del fracaso idem. Está en construcción, bajo rechazo de los propios veraneantes, un complejo turístico de 220.000m2 que incluirá un hotel de 200 habitaciones, campo de golf, centro comercial, bungalows, y un casino de 3 mil metros cuadrados. Quien construye es una empresa dedicada a la provision de software para casinos, para entender el hilo que va en la puntada. El balneario que primeramente fuera comparado con el Truman Show por la obsesión de ver y ser visto, ahora se le compara -valiendo las diferencias- con Las Vegas. Una ciudad artificial que brotó del desierto. Como pronto tendrá su propio casino, no es de extrañarse que también sepa generar sus propios gangsters. Si es que ya no los tiene...

La utopía controlista de una balneario exclusivo y aislado, cual boomerang, está sufriendo una elipsis regresiva. El dominio extremo atrajo su propio desorden, cautivado por la promesa aspiracional de ser parte de la elite. En el 2002 la alcaldesa de Asia Rufina Lévano Quispe, harta de los inescrupulosos del éxito, derribó por su cuenta y con un tractor un local de construcción ilegal. El Jurado Nacional de Elecciones la destituyó.

Es tal la invasión de visitantes que los fines de semana en el boulevard se han reducido a uno para los propietarios de Asia. Solo el viernes Asia es para los verdaderos asiáticos. El sábado ellos se encierran en sus urbanizaciones, huyendo de las hordas de forasteros que buscan codearse con los ricos y famosos, saturando la densidad de bares y discotecas. Estos son los que, en defensiva ironía fonética, han rebautizado el lugar como Eisha.

Un edicto municipal ha impuesto una hora de cierre perentoria a las 3 am, disposición que por supuesto no se cumple en las fiestas que ahora se montan al interior de las urbanizaciones, propiedad privada. Dentro del prontuario del carácter extremo y precoz de las juergas en Asia se pueden listar violaciones a menores de edad, como aquella a una colegial del Markham en el verano del 2004 en el cual estuvieron involucrados dos policías, y mafias de barmens que vendían extásis. Para controlar el flujo de aproximadamente dos mil visitantes más cada fin de semana el Municipio de Asia disponde de 70 policías, impotentes ante los delitos de hijos de papá con el celular en ristre. Como si eso no bastara están los desgraciadamente comunes accidentes mortales en la carretera, tratando de regresar completamente intoxicados a Lima de noche creyendo que Dios, en serio, va de copiloto.

La otra vida de Asia empieza al terminar el verano. Los jacuzzis descansan, las pantallas LCD se apagan, se desmontan escenografías de bares y discotecas que ofrecían convincentes ilusiones de novelería vip. El día que se muda a Lima el ultimo veraneante llegan a las exclusivas casas de playa los nuevos inquilinos. Son los animales de la isla, y del desierto, que han empezando a incorporar el balneario temporalmente abandonado como habitat estacional. Entre las especies que llegan no podían estar ausentes las hormigas. Millones de ellas.

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