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La selección de Chile se debatió en la impotencia y verá de lejos el Mundial de Alemania 2006 al empatar 0-0 con Ecuador, en la última jornada de las eliminatorias sudamericanas del Mundial de Alemania 2006.
El equipo de Acosta debía ganar para aspirar a la repesca contra Australia, pero además necesitaba que Uruguay no derrotara a Argentina en Montevideo ni que Colombia hiciera lo propio con Paraguay en Asunción, pero nada de ello ocurrió.
Chile ni siquiera tuvo una felicidad postrera que le permitiera salir de la cancha con una sonrisa.
El primer tiempo de Chile fue un resumen de lo que mostró en toda su campaña del clasificatorio: mucho despliegue físico, pero sin efectividad ni coordinación entre sus líneas, con sus delanteros aislados entre la defensa rival, sin recibir algún balón con ventaja.
Ecuador, más ordenado, dedicó algunos minutos a estudiar al local y cuando le tomó el pulso aprovechó las bandas para llegar al área contraria, pero sin crearse tampoco alguna posibilidad clara.
Chile tuvo su mejor -y única- ocasión en el minuto 13, cuando Navia disparó desde la entrada del área y el balón dio en el travesaño; después el equipo local se perdió en su confusión, con abuso del juego corto en el medio, que sólo facilitaba la labor del equipo visitante sobre el campo de juego.
En el segundo tiempo el técnico chileno, Nelson Acosta, buscó más ataque con Humberto Suazo y mayor claridad en el medio con Milovan Mirosevic, pero los resultados fueron relativos, pues el panorama del partido cambió poco o nada, pues Chile siguió en el dominio, pero sin eficacia.
En el banco ecuatoriano, Luis Fernando Suárez reforzó la defensa con las entradas de Ulises de la Cruz y Paul Ambrossi, con lo que el equipo visitante levantó una verdadera muralla en la que se estrellaban los estériles embates del conjunto local, pese a la ambición de Suazo, que obligó a Villafuerte a esforzarse en un par de ocasiones.
En los 80, un cabezazo de Mirosevic fue controlado también por Villafuerte, que a esa altura ya era figura de su equipo, mientras el público, decepcionado, comenzaba a abandonar el estadio.
Chile, en los minutos finales, era un modelo de impotencia, con sus hombres tratando de sobrepasar a la férrea defensa ecuatoriana, que jamás perdió la compostura.
Las ganas de los chilenos, a la postre, fueron tan inútiles como el fútbol inofensivo que desplegó durante todo el partido y, en una ojeada más global, en todo el torneo clasificatorio.
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