| EFE |
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| Zidane le da la espalda a la Copa |
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Alemania 2006 ya es historia. En el mismo momento en que Cannavaro levantó la Copa y provocó el delirio de toda Italia, en el resto del Mundo se inició una espera larga, de cuatro años, cargada de ilusiones, y que tiene a Sudáfrica como destino final.
La Copa del Mundo dejó muy poco para la expectativa que envuelve a la máxima cita del deporte. La pasión que puede generar solamente el fútbol estuvo más afuera que dentro de la cancha. Los momentos de buen juego se vieron en cuentagotas, y si sirve de consuelo, Argentina fue el protagonista del mejor guión mundialista.
El fútbol hace tiempo que no le escapa a la invasión mediática y la ficción es casi una realidad. El verdadero Mundial se jugó antes del 9 de junio y se disputó en los comerciales de televisión. Allí, las grandes figuras impresionaron con su magia y derrocharon todo su talento, a tal punto, que llegaron a Alemania, vacías de ideas.
Por esto, es lógico que el título quede en manos de Italia. A la Azzurra no le sobraron lujos, pero se aferró a su tradición para superar todos los obstáculos y terminar levantando la Copa. Además de haber eliminado nada menos que al anfitrión (Alemania), el equipo de Lippi no fue menos que nadie.
Argentina regaló, sin duda, el mejor momento de fútbol que se vio en Alemania. La goleada ante Serbia fue una verdadera exhibición que catapultó a los de Pekerman al podio de candidatos. Pero faltó coraje en un momento clave y el equipo se despidió antes de lo pensado.
Brasil resultó el gran fracaso. Como ocurrió con Argentina en 2002, el defensor del título llegó como candidato exclusivo, pero su potencial nunca explotó y sucumbió ante la experiencia de los franceses. Ronaldinho, el jugador del momento, quedó en deuda y dejó vacío el cetro de Maradona.
El fútbol sabe de injusticias y caprichosamente se reservó un momento ingrato. Y fue a los 10 minutos del tiempo suplementario de la final entre Francia e italia, cuando Zinedine Zidane, quien se retiró del fútbol, inesperadamente le pegó un cabezazo al italiano Materazzi y Elizondo aceleró el adiós de Zizou con la tarjeta roja en su mano.
La reprobación de las 74.000 almas en el Olímpico de Berlín no tuvo como blanco al árbitro argentino, que tomó una decisión acertada, sino que estuvo dirigida contra la injusticia que cometió el destino con el más grande jugador de los últimos diez años. Zidane no merecía un retiro así.
El Mundial bajó el telón y se apagaron las escasas luces que brillaron en Alemania. La revancha para todos, menos Italia, llegará en cuatro años, cuando el mundo pose sus ojos, por primera vez en la historia, en el continente africano.
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