En la época del Mundial, Argentina vivía bajo el dominio de una dictadura militar comandada por el general Videla. Aún con la amenaza de varios países de no ir, por la situación política del país, el torneo terminó transcurriendo de forma normal, con la presencia de las 16 selecciones clasificadas para disputar el Mundial.
Dentro de la cancha, la polémica fue generada por el sospechoso 6-0 de Argentina sobre Perú, en el partido que decidió la ida de los argentinos a la final, eliminando a Brasil en el criterio de saldo de goles. El portero Quiroga, argentino naturalizado peruano, recibió los seis goles del partido.
Hasta hoy, muchos creen que los peruanos entregaron el partido, pero nunca hubo pruebas que confirmaran las sospechas. Con eso, Brasil se alejó de la oportunidad de pelear por su tetracampeonato, aun sin perder ningún partido durante el torneo, volvió a casa con el tercer lugar, autodenominándose "Campeón Moral" de la competencia.
Dispuesta a quedarse con el título en esta ocasión, Holanda enfrentó a Argentina con garra, trabando una batalla durísima en la cancha. Con el empate de 1-1, Argentina terminó por llevarse el partido cuando Mario Kempes abrió el marcador en los tiempos extras.
Bertoni, a cinco minutos del final, decretó la victoria argentina al anotar en contra de Holanda, para el delirio de los más de 77 mil aficionados que comparecieron al Estadio Monumental.
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