| Especial |
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| Hablar para mejorar el sexo. |
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El ejercicio de la sexualidad parece tan natural que no se habla de su naturaleza misma e, incluso, de su constitución. Y, quizá de allí, vengan las simplificaciones: mujeres anorgásmicas y para toda la vida, imposibilidad de relacionarse por dolor durante el coito, frigidez y erección que si no sucede es porque nunca más sucederá, entre otras tantas conclusiones populares.
Pero, dicen por ahí, todo tiene un por qué. “La respuesta sexual humana está constituida por diferentes fases que se relacionan entre sí y que son iguales para hombres y mujeres, con sus diferencias fisiológicas y anatómicas: el deseo, la excitación, meseta, orgasmo y resolución”, explica la psicóloga y especialista en sexualidad del Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam), Andrea Gómez.
Y, claro, pueden aparecer dificultades en alguna de estas etapas. Son las famosas disfunciones sexuales que pueden ser situacionales, momentáneas o de larga data y “cuanto más tiempo esté presente el malestar y el sufrimiento serán cada vez mayores; y el silencio, el temor a preguntar y los prejuicios hacen que sea aún más difícil la detección y tratamiento de ellas”, dice Gómez.
La especialista aclara que para tratarlas, hay que tener en cuenta variables como causas físicas y psicológicas. “Es un diagnóstico diferencial que debe ser visto por un psicólogo o un médico sexólogo”, agrega.
Cómo influye la cabeza
Ahora bien. No es que todas las mujeres tienen lo mismo y por la misma causa. De hecho, algunas dificultades hacen mucho pie en cuestiones psicológicas.
Un panorama de los nombres de algunas disfunciones: deseo sexual inhibido, excitación sexual inhibida, dificultad en lograr el orgasmo (anorgasmia), dispareunia (dolor coital), vaginismo (contracción de las paredes de la vagina que impiden la penetración), entre otros.
Como ejemplo, la anorgasmia, en un cinco por ciento se asocia a causas físicas. El 95 restante, a psíquicas. ¿Por qué? “ La enseñanza que la persona recibió sobre sexualidad, los tabúes, miedos y prejuicios adquiridos, el desconocimiento del propio cuerpo, la identidad y creencias culturales y sociales de cada persona, la vivencia de situaciones traumáticas, entre otras tantas cuestiones, se instalan en el vínculo con el ejercicio de la sexualidad”, responde Gómez.
Causas orgánicas
Claro que existen, también , causas orgánicas que pueden ser el origen de una disfunción sexual. Y las hay: trastornos en el sistema circulatorio, pérdida de la tensión muscular, cambios o enfermedades de origen endocrino, como ejemplos.
En este contexto, existen enfermedades crónicas graves como el alcoholismo y la adicción a narcóticos que pueden producir disfunciones sexuales por la acción de las sustancias y el deterioro que producen en el organismo y en la vida emocional y social.
Además, existen medicamentos como algunos psicofármacos o antihipertensivos que pueden causar disminución de la libido o del deseo sexual. “Por eso es que deben ser regulados por el médico”, aclara la psicóloga del Celsam.
Esto, sin dejar de lado que la depresión suele inhibir el deseo de tener relaciones sexuales. Quizá de allí la necesidad del apoyo de la medicación de la mano de la psicoterapia, “para reflotar el deseo y mejorar la calidad de vida”, aduce Andrea Gómez.
Hablar para tener sexo
A pesar de que simplificar es más simple, y valga la redundancia, los factores psicológicos en las disfunciones sexuales pueden ser tan variados como las personas que los padecen.
Hay una innumerable lista de causas para su existencia, como la educación recibida, las experiencias emocionales y vinculares vividas fundamentalmente en el grupo familiar primario y luego en los grupos secundarios (proceso de socialización), los tabúes y miedos en relación a lo sexual, el desconocimiento de un adecuado y efectivo método anticonceptivo, el temor a contagiarse una infección de transmisión sexual o a quedar embarazada sin desearlo y las vivencias traumáticas sufridas.
Y, como si fuera poco, la historia no sólo nace de los individuos como tal sino, tal desarrolla la psicóloga, que “los conflictos de pareja pueden causar la aparición de alguna disfunción sexual en algún miembro de la pareja. En algunos casos la misma disfunción puede ser “funcional” para el otro miembro que no la padece o por el contrario, su aparición puede ser la señal de que algo en la pareja “no funciona”.
Afectan a una buena parte de las personas. Sin embargo, todavía produce vergüenza hablar de ello, incluso, en ciudades supuestamente cultas, cosmopolitas y progresistas.
Silencio contra la salud
Lo cierto es que habrá que cambiar vergüenza por salud porque, ya sea la causa de la disfunción un factor social, vincular, económico, emocional, cultural o físico, “el ocultamiento, la vergüenza y hasta la resignación sólo colaborarán en agudizar las dificultades y en acrecentar el sufrimiento emocional que implica”, remata Gómez.
Además de aceptar lo que sucede cuando el cuerpo lo pide a gritos, habrá que recurrir a un consultorio y preguntarse por qué no produce vergüenza colocar un paquete de cigarrillos sobre una mesa y sí, uno de preservativos. O por qué el sexo es motivo de bromas en voz alta pero, pocas veces, tema serio y en voz alta.
Quizá allí comiencen las disfunciones.
Agradecimiento:
Andrea Gómez, psicóloga
Consultorio: Tel. 011- 4773-8369
Miembro del Comité de Desarrollo del Celsam
0800-888-235726
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